#8M

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Autoras, editoras, diseñadoras, asesoras, investigadoras, correctoras, comunicadoras, escritoras, traductoras, contadoras. Ellas son EDUNER y forman parte de nuestro mundo editorial.

Hoy marchamos y acompañamos la lucha por los derechos de las mujeres, renovando nuestro compromiso con ellas, SIEMPRE.

También queremos recordar a nuestra Emma Barrandéguy. Hoy es su cumpleaños.

Elegimos un poema de «Cronosíntesis» donde la autora pone en diálogo la poesía de Dora Hoffmann y Alejandra Pizarnik.

Tres mujeres que se encuentran allí.




Alejandra:
Tu muerte nos lastimó tanto
que al compadecernos de tu ausencia 
todos te compadecemos;
utilizamos frases de tus poesías
para ponerlas al frente
de nuestros poemas,
tratamos de comprender 
lo insólito de tu búsqueda;
sabiendo que pisabas la nada
anclamos nuestra miseria
en el más angosto
reborde del techo.
Queremos florecer como la rosa
y nos pulverizamos los ojos 
mirándola, como vos.
Y no te seguimos, no,
aunque seamos ya viejos y sepamos 
que la puerta que abriste
es la única que está siempre abierta.

Dora sale de la casa…
con la casa puesta.
Alejandra sale de la casa
sin nada más que su angustia,
y estamos seguras
que las dos juegan
a las damas
durante las noches de invierno
y por la tarde hacen ronda
con otras, con otras, con otras
que también fueron tristísimas poetas.

Dora te invoca
desde su otro cielo
ordenado en balcón hacia la plaza
mientras por la vereda
vas con tu viento y con tu sol a cuestas
y sin mirarla.
Sólo la noche las reúne exhaustas
por todo lo que vieron y no vieron
y la mano en la mano van unidas
estas dos niñas ciegas.

En el miedo 
Dora te seguía de lejos.
Yo sé, Alejandra, también como vos
vivo con miedo, 
camino con el miedo de la mano,
aunque no tengo tus ángeles
bellos como cuchillos, 
ni me siento extranjera en la tierra
ni piense que hay un Dios que me abandona.
Nos reunimos con el miedo ante nosotras 
Sentado en una silla bajita,
como las nuestras, 
y a la hora de la siesta
tratamos en vano de exorcizarlo
antes de morir.

«Aprende de memoria tu hambre,
no tendrás otra historia».
Estas palabras de Dora
podrían ser tuyas, Alejandra?
Ella conocía el hambre.
La tuya, no querías conocerla?
Nada importa ya:
saciada el hambre 
sangra sin embargo, en nosotros 
la misma obstinada y absurda
permanencia del recuerdo.

«No llegarás al descarnado
sol que buscas».
No llegarás Alejandra
ni Dora
ni la que escribe ahora
ritos y evocaciones.
La poesía podría ser tal vez
quedarse por el camino,
vagabundeando
bajo el sol de todos los días,
ya que ese que buscas
está dentro tuyo
pero duele tanto, amigas,
que a veces
-ustedes lo saben-
es más soportable morir.

Casos y cosas te contaste, Alejandra
hasta alcanzar la palabra final: Basta ya!
pero Dora no se cantaba ni se encantaba,
simplemente miraba las ruinas antiguas
y en sus poemas 
crecía un imperio
de patios y de salas vacías.
Por ahí un perro lanudo seguía sus pasos 
mientras su corazón preparaba con ahínco
el escándalo final.
Ah, no fueron las hermosas autómatas, no.
Trituraron con sus manos la sal de cada noche
y velaron con una muñeca de trapo
ajada y maldita.

Noticias
EDUNER será parte de la edición 44º de la Feria Internacional del Libro de
Educación y Vínculos.  Revista de Estudios Interdisciplinarios en
(...) No resulta fácil encontrar esta clase de alianza entre lírica y verdad; una que
Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos
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